martes, 29 de abril de 2008

Especies y cosas





Era el más robusto pero parecía inofensivo hundiendo sus dientes entre las uñas y masticándolas con un hipnótico placer. Contrastaba a su lado un cuerpo flaco, casi raquítico y de carácter nervioso; éste rascaba la piel dura de su pecho mientras el sol ardiente tensaba la epidermis como el cuero de un hipopótamo. Echada a la sombra de ellos, la más joven, lamiéndose los labios para contrarrestar la sequedad de su boca. Otros dos se acometían salvajemente delante de la pequeña criatura para llamar su atención. Sonó un timbre y se abrió la pesada puerta. Grupos de familias y de viajeros entraban torpemente a los empujones movidos por una enérgica curiosidad. Las nuevas bestias del parque de especies eran la sensación del momento.
-Hijo mío, lo más interesante de esta especie es que ellos no saben que los estamos viendo -comentó al pasar una indefinible cosa a su descendiente y añadió-, ni siquiera sospechan que estamos aquí.
-Hu-ma-nos -silabeó el engendro leyendo un cartel indicativo.

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