domingo, 11 de septiembre de 2016

Sobrenatural





Cada partícula que flota en el lugar está iluminada al punto de su extinción, sin embargo, las caras deformes de quienes me rodean, aparecen y se esfuman en una atmósfera difuminada por la intensa luz. Sólo alcanzo distinguir tres cosas: los rostros no tienen boca, tampoco nariz, y por último, los dedos de las manos que veo ejerciendo sobre mí, son delgados y de una íntegra lisura. Nada de esto está al alcance de mi entendimiento. Hay formas y manifestaciones fuera de lo normal, como si viviese una tragedia sobrenatural: la permanencia de un sonido ejecutado por un dispositivo electrónico y extraordinarios brillos que vagan en el espacio, hundiéndose luego en alguna parte insensible de mi cuerpo. Mi cuerpo, aletargado, no lo siento. No logro mover ninguna parte de mí; supongo que apenas los párpados y los ojos, aunque no percibo ninguna sensación de movimiento en ellos. Desconozco qué sucede conmigo; experimento una elevación como si me suspendiera en el aire. Pienso que puede ser un sueño, pero yo jamás en un sueño me he dado cuenta de que lo que estoy percibiendo son fantasías que se representan por mi dormir. Tal vez esta sea mi primera vez; no lo sé. Mi vaga razón viene y va sumergida en la espesura del sopor.
Me sobreviene una imagen a la mente, un recuerdo con representaciones claras pero poco familiares: Conduzco un auto, ¿mío? Voy en una ruta oscura; en los alrededores sólo se aprecia la negrura de la noche. No sé dónde estoy. El auto avanza demasiado rápido como si yo estuviera escapando de algo. Presiento que estoy perdido. Ahora lo veo bien: pequeñas luces me siguen. De pronto escucho un sonido ensordecedor que parece provenir de motores potentes. Una luz me ciega. ¡Mis ojos queman! ¡Un rayo revienta sobre el auto! No recuerdo más nada, mi mente está abrumada por un fastidioso olvido.
Ya no puedo resistir, me vence el sueño, un sueño denso. Me dejo ir…Voces…
Escucho voces. Un fuerte dolor me tortura taladrando desde el interior de mi cabeza, mientras me sobrevienen unas intensas punzadas en el pecho y el estómago. Abro los ojos y veo a dos extraños recostados en camas separadas; están muy flacos y deteriorados; ninguno de ellos me observa. Son sus voces lo que oigo. Hablan sobre la visita de la policía y sobre una segunda intervención quirúrgica de alguien.
Vuelve el sueño, el denso sueño...
¡Despierto! Al mismo segundo entiendo todo y pregunto:
-¿En qué hospital estoy?
Las extrañas criaturas voltean.

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