miércoles, 21 de septiembre de 2016

Invisible a los ojos



Corría embriagada de amor hacia mis brazos. Su corazón era un ave encerrada en la jaula de mi mirada. No te veo, le dije un día, ¡estoy aquí donde siempre!, me exclamó, pues yo sigo sin verte, le insistí decepcionado, ¡mirame, mirame amor mío!, gritó y se desesperó. Sus alas rompieron la jaula. Los alambres de acero lastimaron sus miembros. Al salir voló miedosa y confundida, desdeñando cada rumbo tomado. Le grité, ¡amor ya puedo verte, ya puedo verte! Le grité a aquella pequeñez que se fugaba hacia el horizonte.

No hay comentarios: